¿Estoy yo aquí?
A veces
pienso que no.
-Como si estar
fuera fácil.-
Pienso
que me quedé
en un lugar mejor
del que no me quise mover
un lugar donde ser yo
era la mejor opción.
Y desde entonces, una
turbia, diezmada copia
apura el día en mi nombre.
Este impostor que orina
habla
come
camina
se duele a veces
que contempla una postal del mundo
con mis huesos y mis ropas,
a él le pesan.
Este,
que no sabe amar a nadie.
Y yo
que me quedé amándola.
-Pablo Monforte
por decirme lucerito,
por las mañanitas,
por el chicapumba y el duerme negrito,
por todas esas nanas,
por las primaveras,
por apagar los llantos,
por el cariño,
los sueños de colibrís,
por las sonrisas,
por coser de noche, los tutús, los vestiditos,
por los ánimos,
por las moñitas de jazmín,
por el pan aceite y melón de los veranos,
por los arrullos,
por los chocolates de resaca,
por ganar 50 horas más por año,
por el olor a azahar,
por enseñarme a escuchar el mar,
por los sueños de nácar,
por los besos que nunca acaban,
por hacerme chica chica en tus brazos,
aunque sea mayor. Y mujer más cerca de ser madre.
BIENVENIDA
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tú nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.
Mario Benedetti
Mario Benedetti
Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventanas navideñas
su culto a dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordenapero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recorre el fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras que el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existecon sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
son su gesta invasora
el norte es el que ordenapero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el sur también existecon su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordenapero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe.
MUJER, QUIÉRETE Y QUIERE LA VIDA
Sigue plácidamente tu camino
sigue y no te detengas, levanta
la vista y observa a tu alrededor.
A menudo ves esos rostros, arrugados,
los pocos por el desgaste del tiempo, los
muchos por sueños quebrados, metas
inalcanzadas. Piensa que tú no estás
por estar, tú tienes muchos proyectos,
no dejes que el cansancio te venza.
No esperes respuestas a esas preguntas
que no la tienen.
Simplemente busca dentro de ti, esas
inquietudes que te desvelan, esas inquietudes
que muchas veces pasan al libro de los olvidos,
por no querer realizarlas.
ponte firme y piensa que esta vida está llena
de sinsabores, pero no dejes que te detengan,
no permitas que tus deseos, tus proyectos queden
en un “No pudo ser”
No, mujer, no te defraudes, no dudes.
Sonríe y ten confianza.
Quiérete y quiere la vida.
Todo está en tus manos.
Alcanza tus metas y tus sueños.
Mujer, tú puedes. Avanza,
no retrocedas. Sé realmente
feliz y verás que con tu ayuda
lo lograrás. No dudes, jamás.
GODA MENDOZA
Gregorovius se dejó llenar el vaso de vodka y empezó a beber a sorbos delicados. Dos velas ardían en la repisa de la chimenea donde Babs guardaba las medias sucias y las botellas de cerveza. A través del vaso hialino Gregorovius admiró el desapegado arder de las dos velas, tan ajenas a ellos y anacrónicas como la corneta de Bix entrando y saliendo desde un tiempo diferente. Le molestaban un poco los zapatos de Guy Monod que dormía en el diván o escuchaba con los ojos cerrados. La Maga vino a sentarse en el suelo con un cigarillo en la boca. En los ojos le brillaban las llamas de las velas verdes. Gregorovius la contempló extasiado, acordándose de una calle de Morlaix al anochecer, un viaducto altísimo, nubes.
- Esa luz es tan usted, algo que viene y va, que se mueve todo el tiempo.
- Como la sombra de Horacio - dijo la Maga -. Le crece y le descrece la nariz, es extraordinario.
- Babs es la pastora de las sombras - dijo Gregorovius -. A fuerza de trabajar la arcilla, esas sombras concretas… Aquí todo respira, un contacto perdido se restablece; la música ayuda, el vodka, la amistad… Esas sombras en la cornisa; la habitación tiene pulmones, algo que late. Sí, la electricidad es eleática, nos ha petrificado las sombras. Ahora forman parte de los muebles y las caras. Pero aquí, en cambio… Mire esta moldura, la respiración de su sombra, la voluta que sube y baja. El hombre vivía entonces en una noche blanda, permeable, en un diálogo continuo. Los terrores, qué lujo para la imaginación..
Juntó las manos, separando apenas los pulgares: un perro empezó a abrir la boca en la pared y a mover las orejas. La Maga se reía. Entonces Gregorovius le preguntó cómo era Montevideo, el perro se disolvió de golpe, porque él no estaba bien seguro de que ella fuese uruguaya; Lester Young y los Kansas City Six. Sh… (Ronald dedo en la boca).
- A mí me suena raro el Uruguay. Montevideo debe estar lleno de torres, de campanas fundidas después de las batallas. No me diga que en Montevideo no hay grandísimos lagartos a la orilla del río.
- Por supuesto - dijo la Maga -. Son cosas que se visitan tomando el ómnibus que va a Pocitos.
- ¿Y la gente conoce bien a Lautréamont, en Montevideo?
- ¿Lautréamont? - preguntó la Maga.
Gregorovius suspiró y bebió más vodka. Lester Young, saxo tenor, Dickie Wells, trombón, Joe Bushkin, piano, Bill Coleman, trompeta, John Simmons, contrabajo, Jo Jones, batería. Four O’clock Drag. Sí, grandísimos lagartos, trombones a la orilla del río, blues arrastrándose, probablemente drag quería decir lagarto de tiempo, arrastre interminable de las cuatro de la mañana. O completamente otra cosa. ” Ah, Lautréamont “, decía la Maga recordando de golpe. ” Sí, yo creo que lo conocen muchísimo.”
- Era uruguayo, aunque no lo parezca.
- No parece - dijo la Maga, rehabilitándose.
- En realidad, Lautréamont… Pero Ronald se está enojando, ha puesto a uno de sus ídolos. Habría que callarse, una lástima. Hablemos muy bajo y usted me cuenta Montevideo.
- Ah, merde alors - dijo Etienne, mirándolos furioso. El vibráfono tanteaba el aire, iniciando escaleras equívocas, dejando un peldaño en blanco saltaba cinco de una vez y reaparecía en lo más alto, Lionel Hampton balanceaba Save it pretty mamma, se soltaba y caía rodando entre vidrios, giraba en la punta de un pie, constelaciones instantáneas, cinco estrellas, tres estrellas, diez estrellas, las iba apagando con la punta del escarpín, se hamacaba con una sombrilla japonesa girando vertiginosamente en la mano, y toda la orquestra entró en la caída final, una trompeta bronca, la tierra, vuelta abajo, volatinero al suelo, finibus, se acabó. Gregorovius oía en un susurro Montevideo vía la Maga, y quizá iba a saber por fin algo más de ella, de su infancia, si verdaderamente se llamaba Lucía como Mimí, estaba a esa altura del vodka en que la noche empieza a ponerse magnánima, todo le juraba fidelidad y esperanza, Guy Monod había replegado las piernas y los duros zapatos ya no se clavaban en la rabadilla de Gregorovius, la Maga se apoyaba un poco en él, livianamente sentía la tibieza de su cuerpo, cada movimiento que hacía para hablar o seguir la música. Entrecerradamente Gregorovius alcanzaba a distinguir el rincón donde Ronald y Wong elegían y pasaban los discos. Oliveira y Babs en el suelo, apoyados en una manta esquimal clavada en la pared, Horacio oscilando cadencioso en el tabaco, Babs perdida de vodka y alquiler vencido y unas tinturas que fallaban a los trescientos grados, un azul que se resolvía en rombos anaranjados, algo insoportable. Entre el humo los labios de Oliveira se movían en silencio, hablaba para adentro, hacia atrás, a otra cosa que retorcía imperceptiblemente las tripas de Gregorovius, no sabía por qué, a lo mejor porque esa como ausencia de Horacio era una farsa, le dejaba a la Maga para que jugara un rato pero él seguía ahí, moviendo los labios en silencio, hablándose con la Maga entre el humo y el jazz, riéndose para adentro de tanto Lautréamont y tanto Montevideo.
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Lautréamont:
http://fr.wikipedia.org/wiki/Comte_de_Lautr%C3%A9amont
Lionel Hampton:
Papeles inesperados
-Julio Cortázar-