Una furgo
y lo digo hoy que los viajes empiezan a cansarme y a hacerme sentir que no estoy en ninguna parte, o que no estoy dónde estoy, o que no sé dónde estoy ni adónde voy ni para qué ni por qué ni casi cómo …
pero la furgo es uno de mis pocos planes
de los irrenunciables
quizá por eso hoy
Los amantes
¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.
Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.
Ya que sigo sin tiempo (tan relativo) para dedicarme a mis palabras… aquí de nuevo prestando las de Cortázar …